Amo Nueva York desde que tengo uso de razón, y no puedo ni sé explicar el por qué. Tampoco necesito que nadie lo entienda, ya que en muchas ocasiones, como en este primer viaje que he hecho sola, tener la ciudad completamente para mí, ha sido un sueño del que no quería despertar.
Desde que tomé la decisión de viajar sola a Nueva York, recibí toda clase de comentarios...cómo que por qué lo hacía, que si no tenía miedo, que era una valiente, que estaba loca...etc. Y he de decir, que hubo momentos que algunos me llegaron a afectar, pero en el fondo tenía claro lo que quería y nada ni nadie iba a pararme. De hecho, desde el primer momento que puse un pie en la ciudad, supe que iba a ser uno de los mejores viajes de mi vida.
En cuanto a la fecha del viaje, tampoco fue algo elegido al azar. Yo ya había estado 3 veces en Nueva York en verano, y una en Navidad, así que mi quinto viaje tenía que ser en otoño, mi estación favorita del año.
Desde que tomé la decisión de viajar sola a Nueva York, recibí toda clase de comentarios...cómo que por qué lo hacía, que si no tenía miedo, que era una valiente, que estaba loca...etc. Y he de decir, que hubo momentos que algunos me llegaron a afectar, pero en el fondo tenía claro lo que quería y nada ni nadie iba a pararme. De hecho, desde el primer momento que puse un pie en la ciudad, supe que iba a ser uno de los mejores viajes de mi vida.
En cuanto a la fecha del viaje, tampoco fue algo elegido al azar. Yo ya había estado 3 veces en Nueva York en verano, y una en Navidad, así que mi quinto viaje tenía que ser en otoño, mi estación favorita del año.
Viajar sola me ha empoderado aún más, pero lo más importante, he podido disfrutar y saborear la ciudad a mi manera. No había preguntas, no había respuestas...éramos solamente Nueva York y yo.